viernes, 5 de agosto de 2016

Estrellas

Corren las agujas.

Ayer nos enteramos de que la noche en que partimos no lo haremos solas, sino con las Perseidas de cada agosto, esta vez multiplicadas por cinco. Qué bonita metáfora. Lluvia de estrellas sobre nuestras cabezas para acompañarnos en un viaje que seguro no nos deja indiferentes.

No estoy asustada, sino expectante. Hambrienta de experiencias, colores, olores, ojos nuevos. Mentes nuevas. Dejo por un tiempo mis andares descosidos y me lanzo al vuelo. Ya lo echaba de menos.

“¿Qué se lleva en la maleta para un viaje así?” Buena pregunta. Supongo que espacio. Y orden. Para volver llena y despeinada. 

Para creer en la humanidad hay que ser parte de ella. Quizás yo viva en las nubes, demasiado ignorante de los peligros reales, confiada, ingenua y risueña. Pero todavía sigo viva y no he perdido la esperanza. La gente es buena. Las circunstancias no. A veces no sabemos reaccionar, nos ahogamos en mares de miedo, atacamos, se nos olvida que no estamos solos y que también hay que cuidar la compañía. 

Una vez me dijeron que un viaje es una huida. No diré que no lo es. Huyo de la rutina, de la banalidad, del mismo pensamiento lineal de cada día que nos oprime el cerebro. Huyo de mi vida para entrar en otras. Y huyo de mi pasado para alimentar mi presente. Huyo para sentirme viva. 

Siento que me esperan, que me necesitan, que si hago reír a alguien habrá merecido la pena, que cualquier diminuto gesto es bien recibido y que se lo debemos. El mundo gira demasiado rápido y cerramos los ojos y las fronteras sin apenas sentir nada. Nos consumimos en un egoísmo generalizado y normalizado. ¿Quién va a ser el primero en soltarse las cadenas?

Si pudiese cambar el mundo lo haría. Espera un momento, ¡si puedo hacerlo! Me pongo manos a la obra, entonces. 

Paz.

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