Empiezo a sentirme
cada vez más cómoda en este otro mundo que tanta pena nos da en los países “desarrollados”.
Incluso empiezo a dudar sobre quiénes necesitan más ayuda. Quizás aquí vivan
entre suciedad y basura, estén expuestos a muchísimas enfermedades y no
dispongan de las facilidades de las que en España u otros países disponemos;
pero no consideran necesarias muchas de las cosas sin las que mucha gente no
sabría vivir y, lo más importante, son felices. Somos expertos en crear
necesidades, y aquí estoy aprendiendo a desprenderme del mayor número posible.
Los niños son iguales en cualquier país, exceptuando algunas diferencias culturales. Los niños y niñas indios andan descalzos y comen con la mano como todo el mundo aquí, tampoco tienen problema en comerse algo que se ha caído al suelo y tienen mucha más libertad para moverse, jugar o salir a la calle. Los niños españoles están sobrevigilados, se les educa para tener cuidado con todo porque todo es peligroso. En el parque los padres corren alarmados hacia su hijo/a si se cae del columpio, aquí juegan a su aire, se caen y se dan golpes pero siguen, a veces la profesora se tropieza con ellos y continúa sin disculparse, salen a la calle y caminan entre el caos de coches y motos como si no pasara nada mientras a mí y a mis compañeras, también voluntarias, casi nos da un infarto.
La gente en la India es muy muy muy tranquila. Nunca tienen prisa y, aunque empiezo a acostumbrarme, todavía siento que pierdo el tiempo sin hacer nada. Pero ellos nunca pierden el tiempo, disfrutan cada segundo, toman té con leche y muchísimo azúcar a todas horas y charlan sobre cualquier tema, disfrutan incluso de los silencios (incómodos, para cualquiera de nosotros) que se crean a veces durante una conversación.
Cuanto más tiempo paso aquí más me doy cuenta de lo increíblemente relativa que es la pobreza. La valoramos en función de las pertenencias materiales que tenemos, cuando en realidad lo verdaderamente importante es lo que no se puede tocar, la manera en que tú mismo/a configuras la realidad en tu cabeza. Se puede vivir sin televisión, sin agua potable en el grifo de casa, con un solo par de zapatos, se puede vivir sin horno, sin microondas, sin poder regular la temperatura del agua de la ducha. Se puede aprender sin mesas y sillas en la escuela y se puede ser feliz con casi nada.
Cuánta razón hay en tus palabras...Yo llevo tiempo pensando en lo mismo, no encontraremos la felicidad si seguimos el camino que tenemos marcado, todo es mucho más simple de lo que tenemos o buscamos. Es necesario borrar lo aprehendido y comenzar de cero. Todo el mundo ganaría en riqueza si nos pusiéramos manos a la obra. Tus palabras son sabias. Un beso grande.
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