lunes, 2 de noviembre de 2015

La otra cara

Todo lo bueno se acaba. Y esta vez lo asumo. He disfrutado de cada momento, de cada rayo de sol abrasador y de cada gota de lluvia, de cada carcajada, de cada taza de té y de cada una de las especias, de cada persona, de cada nuevo amigo, de cada una de las cabezas locas que me han acompañado y han hecho de esta experiencia una de las mejores de mi vida. La India no habría sido lo mismo sin ellos. 

Me marcho de Pondicherry en dirección Bombay, donde pasaré mis últimos días antes de volver al invierno español. Exprimiré, como siempre hago, cada segundo y me despediré con un “hasta pronto”. 

¿Cuánto tiempo gastamos en llorar por el pasado?, ¿cuánto tiempo invertimos preocupándonos del futuro? Como era de esperar, este viaje no me deja indiferente, y la diferencia con respecto a otros grandes viajes y experiencias de las que me ha costado desprenderme es que esta vez he aprendido a dejarme llevar, a vivir en el presente y respirar tranquila. 

No puedo sino dar las gracias por haber hecho esto realidad. Gracias a todos los que se interesaron por mí desde el primer día, a los que me dieron buenos consejos antes de venir, a los que me advirtieron de los peligros, a los que siempre me apoyaron y creyeron en mí, a los que temían e hicieron de tripas corazón, a los que desde el principio supieron que no iba a darme por vencida hasta conseguirlo (todos esos que me conocen bien). Y también, gracias a la gente que he conocido aquí, que tanto me ha enseñado y que nunca olvidaré.

Pero esto no ha acabado. Me queda la última parte de la aventura: Bombay. Me queda descubrir la gran ciudad, el otro lado de la moneda. Me queda descubrir lo que es ser una turista rica entre los pobres. 

Si soy sincera, estoy algo asustada. 

Pocas veces siento miedo y sentirlo nunca es para mí un impedimento, pero sí, lo admito. Creo que es difícil dar el paso de ayudar en una ONG a convertirme en un cajero automático para los indios. Y más allá de eso, es mucho más duro para mí pasar de ser una chica joven que ayuda, a una chica joven a secas. En Bombay pierdo todo el respeto que he podido tener entre los que me rodean, ahora solo seré una mujer, blanca, joven, con todo lo que ello conlleva aquí.

Volveré con más historias y opiniones sobre esto. ¡Deseadme suerte!

No hay comentarios:

Publicar un comentario